La gran obsesión del ministro Soria, desde que llegara al gobierno en 2012, ha sido el fin del déficit tarifario arrastrado durante años. Para ello puso en práctica una reforma eléctrica que, entre otras cosas, recortaba de manera notable los incentivos a las energías renovables. Este recorte cayó como un jarro de agua fría en el sector de las renovables y sobretodo en aquellos que habían ejecutado inversiones con retornos basados en estos incentivos.

La medida contribuyó a frenar el déficit pero, al mismo tiempo dejó atrapados a muchos inversores y paralizo de manera prácticamente total la nueva inversión en renovables. Al mismo tiempo complicó enormemente la consecución de los objetivos europeos de reducción de emisiones para 2020.

Finalmente, después de cerrar un ejercicio sin déficit tarifario, el Ministerio de Industria convocó para principios de año la primera subasta para nuevas instalaciones eólicas y de biomasa des de 2012, con una potencia de 700MW (el sector calcula que harán falta 6000MW para alcanzar los objetivos de 2020). El sistema de adjudicación se basaba en un cierre a la baja, eso es, se partía de una cuantía de ayuda base y las diferentes empresas participantes pujaban a la baja la cantidad de ayuda con la cual estaban dispuestas a tirar adelante los proyectos.

Cuál fue el resultado? Se cerro la subasta a prima cero. Las empresas ganadoras renunciaron a las ayudas con tal de conseguir la adjudicación. La mayor parte de la potencia en liza (400MW de los 500MW de eólica i 108MW de los 200 de biomasa) se la adjudicaron las empresas Forestalia y Grupo Jorge, ambas propiedad de la familia aragonesa Samper.

La decisión de pujar a prima cero dejó fuera de juego a los grandes del sector, Endesa, Iberdrola y Gas Natural, que han criticado la acción argumentando que para vender a precio de mercado no era necesario acudir a la subasta.

Por otro lado la Asociación Eólica Española (AEE) se ha apresurado a pedir una nueva subasta de 5900MW antes del verano para poder cumplir los objetivos de 2020. Detrás de esta demanda está el objetivo de aglutinar en una sola subasta el total de potencia y evitar así dividirla en lotes que favorezcan las ofertas a la baja.

El ministerio de Industria se ha apresurado en sacar pecho mediante la siguiente nota de prensa, esgrimiendo el gran interés de los inversiones por las renovables, la reducción drástica de costes para el consumidor respecto al sistema de primas del anterior gobierno y el hecho que esta subasta pone España en la senda de cumplimiento de los objetivos de 2020.

Pero no es oro todo lo que reluce. La realidad podría diferir de estas conclusiones. El lote subastado es pequeño. Es razonable pensar que los adjudicatarios tengan ya licitadas zonas donde instalar molinos que tengan garantizadas las horas de viento y permitan la viabilidad de vender la energía a precio de mercado (incluso con perdidas mínimas). En el caso de la biomasa es todavía más dudosa la rentabilidad de los proyectos sin incentivos, aunque la potencia adjudicada es pequeña. A cambio un pequeño y desconocido grupo empresarial entra en el sector de las renovables con una carta de presentación notable. Haber ganado la primera subasta de renovables en años.

Veremos en futuras subastas si el “fin de los incentivos a las renovables” es una realidad o el resultado buena maniobra de marketing.