Uno de los principales factores para poder minimizar el impacto del coste eléctrico es elegir bien qué tipo de tarifa es la más adecuada en cada momento para pagar el precio de la energía (el kWh) más bajo posible. Básicamente, distinguimos entre dos tipos de tarifas que ofrecen las distintas comercializadoras. Por un lado, la tarifa de tipo fijo y por otro la tarifa de tipo variable o también llamada indexada.

En la tarifa fija, la comercializadora nos ofrece un precio que va a ser siempre el mismo durante el período de duración del contrato, que en la inmensa mayoría de veces es de un año. La ventaja de este tipo de tarifa es que al cerrar ya el precio negociado, tenemos la seguridad que este no variará aunque haya fluctuaciones en los precios de producción de la energía. En la tarifa indexada, el cliente acuerda pagar el coste de producción de la energía más la comisión de gestión que se lleva la comercializadora (siempre incluyendo todos los costes regulados). Al contrario de la fija, con esta tarifa el cliente está expuesto al movimiento de precios de producción de energía.

La clave para una buena elección se encuentra en intentar estimar qué evolución tendrá el precio de la energía. En este sentido, es fundamental apoyarse tanto en datos históricos de cotización de precios como en los precios en los que están cotizando los futuros.

El año pasado terminó con un precio del MWh de 55 euros que se sitúa prácticamente en el punto más alto del año con la excepción de Julio. A partir de ahí, las caídas han sido considerables hasta llegar a los 27 euros MWh del mes de marzo. Por lo tanto, los consumidores que optaron al finalizar el año por una tarifa variable han sido los que más se han beneficiado de estas caídas ya que los que optaron por tarifa fija no han podido participar en esta bajada de los precios y el margen se lo ha llevado la comercializadora dado que ésta no ha repercutido la bajada al cliente.

Sin embargo, el hecho de que la tarifa variable haya sido la decisión correcta en lo que va de año, no tiene porque significar que lo siga siendo durante todo el año ya que ante eventuales subidas de los precios esta tarifa perdería su competitividad. Para poder intentar predecir qué es lo que pasará con el precio de la energía nos basamos en los precios de los distintos vencimientos de futuros del mercado OMIP. Estos muestran un precio similar al actual para los vencimientos a corto plazo y una ligera subida para la segunda mitad del año. Además de los futuros, es importante constatar el entorno deflacionista de otras fuentes de energía dada la sobrecapacidad de oferta existente. 

La perspectiva pues que podemos esperar es que los precios se mantengan bajos al menos hasta llegar a los meses más calurosos donde muy posiblemente el precio mostrará un pico al alza para estabilizarse ligeramente por encima de la zona actual. Así pues, ¿qué tarifa deberíamos elegir en el momento actual si debemos negociar una renovación de nuestro contrato de electricidad? 

Como es habitual, depende. Hay diversos factores que tienen importancia a la hora de decidir. La distribución anual de consumos, el aprovechamiento de la discriminación horaria, el propio perfil de la actividad. La preferencia por un sistema que permite la previsión a medio plazo o la búsqueda del mayor ahorro posible a corto plazo. De lo que no hay duda es de que es un buen momento para renegociar los contratos de suministro de energía.

Podemos ayudarte a analizar tu situación y recomendarte la mejor opción en tu caso. No dudes en ponerte en contacto con nosotros.