La ola de calor que estamos sufriendo las últimas semanas (si después de tantos días se puede seguir llamando ola) ha contribuido en gran parte al aumento considerable de los precios de la energía eléctrica en las últimas semanas. La disminución de energía eólica junto con el aumento de demanda ha propiciado que los productores vuelvan a la quema de carbón como fuente de energía.

El carbón no solamente es la fuente que más contribuye a las emisiones de CO2, también es considerablemente más cara y menos eficiente que la mayoría de las renovables.

Por qué se vuelve a los viejos hábitos de quemar fósiles en vez de apostar por las renovables es una cuestión que de nuevo tiene una respuesta económica (del bolsillo del productor, no del consumidor) y política más que técnica.

En unas semanas en que aparte de un calor sofocante hemos tenido largas jornadas de sol sin interrupción, sigue pareciéndonos increíble que se este desperdiciando tal cantidad de energía, se siga contribuyendo sin pudor a aumentar las emisiones, y se haga tan poco en favor de las ya de por si maltrechas economías familiares.

Las olas de calor disparan la quema de carbón para generar electricidad.