Hace unos días saltaba la noticia que Elon Musk, CEO de Tesla Motors, anunciaba de pasada que preparaba el desembarco comercial imminente de un sistema de almacenamiento eléctrico que permitiría a los usuarios desconectarse masivamente de la red eléctrica.

Como buen movimiento de marketing, el anuncio ha despertado interés (en el consumidor) y miedo (en las eléctricas) en la misma proporción. Independientemente del potencial, coste y disponibilidad de este futuro producto, el anuncio pone de relieve un hecho incontestable: el consumidor está cada vez más cansado de depender de un sistema energético totalmente intervenido y politizado acorde con el interés de las mayores empresas productoras y distribuidoras. Recordemos que en España desde que se actualizo la regulación del autoabastecimiento energético a mitad de 2013 es inviable invertir en una instalación, fotovoltaica por ejemplo, que a día de hoy tiene un retorno de la inversión alrededor de los 17 años. Con unos costes fijos por enganche a la red disparados y sin la posibilidad todavía de revender los excedentes en períodos de baja demanda la clave está en el almacenamiento.

El sistema de balance neto es un método que se ha demostrado de gran eficacia para fomentar el uso de renovables en algunos países de Europa como Dinamarca y Bélgica. En este esquema el pequeño productor está enganchado a la red aportando sus excedentes cuando no los necesita y obteniendo a cambio bonos para consumir de la red cuando su propia generación es insuficiente. Promover escenarios como el balance neto sería una buena manera de hacer una transición escalonada hacía modelos energéticos más sostenibles y menos dependientes de los combustibles fósiles sin provocar una ruptura a gran escala en el sistema energético.

La última gran pieza que falta en el rompecabezas de la autosuficiencia energética es un sistema fiable, seguro y capaz de almacenar los excedentes de nuestra propia producción. Si esta condición se cumple, habrá gran cantidad de consumidores en este país en zonas propicias que podrán literalmente desengancharse de la red para consumir toda la energía de su propia cosecha.

Encontrar a día de hoy un compromiso entre los intereses de las grandes empresas del sector y los intereses de los consumidores es la única manera de evitar una futura ruptura en el sistema energético. La tecnología llegará, es solo cuestión de tiempo.